ONCATIVO DE TODAS LAS ARTES


Déjese estar en el momento más impactante del encuentro. Recuerde la batalla de Oncativo, a Paz y a Quiroga. Recuerde sus antiguos habitantes, hoy regional presencia de gringos y descendientes.
Piense en lo más lindo que le pasó, entre cantar, recitar o bailar. O beber del vaso de la amistad. Sublime afiche provinciano. Es septiembre, cerca viene la primavera.
Déjese estar mirando el paisaje, el campo lejos, entre el dorado de la siesta y un choripán, el invento cordobés. Permita que los legisladores del alma le hablen despacito desde la radio del Negro. Conocernos, se llama. Y piense que hace 15 años comenzó este encuentro. Toda una criatura grandecita ya. Hermosa manera de crecer.
Entonces Toño Rearte le contará en santiagueño como empezó la cosa, Ramón Ayala se la cantará con su voz de romance misionero, Ildo Patriarca en su acordeón le traerá Córdoba con acunada música, el Tata Duarte le dará a la caja con su voz riojana y Eva Sulca en cada baguala le recorrerá Salta y su paisaje. Desde Dolores, Susana Repetto y su hijo cantarán su universo payadoril con décimas repentinas e improvisadas, mientras pienso que otros siguen leyendo la letra sobre un atril.
Una mesa con libros gauchescos, las pinturas con caballos sobre una pared del galpón, otros vendiendo artesanías bien churitas y sobre el mostrador del fondo, empanadas fritas y vino de los dos colores, para más tarde están prometidos los peludos a la parrilla, quirquinchos que le dicen en Salta. Que la cáscara se haga charango, digo.
Cuando los poetas en posesión de la palabra, en el acontecer de la tarde tallaron nostalgias, sueños e identidades, un fino destello de versos descansaron como pancitos criollos sobre las faldas de las jóvenes muchachas presentes. Palabras con gusto a pastelitos con membrillo, a tardecita junto a la vieja de uno.
De todo tuvo este encuentro en La Legua. Dicen que cada año tiene su especial sabor, por eso, si alguien le pregunta por un lugar mejor, respóndale que lo duda mucho, compañero. La Legua tiene destino de permanencia, de mostrar sin estridencias ni escenarios las voces de todas las comarcas. Las voces nuevas con todas las tonadas.
Como 200 invitados anduvieron por detrás de la procesión de las guitarras el domingo al mediodía, el cura bendiciendo y muchos cantando. Guitarras arriba fue la fiesta. También llegaron el sábado un montón de chicos down y el domingo los de la Colonia de Oliva, quienes bailaron de lo más lindo. Ahí el corazón dio su veredicto, iluminó la idea y se quedó con ellos en su destino atemporal de sonrisas, habitando solidariamente el espacio de la ternura. Entre nosotros, con lágrimas en los ojos nos quedamos.
Y más tarde, apareció la luna llena, luna “entera” como dicen en Iruya, con una aureola de lluvia que no se cumplió. Cuando la quilla del alma se caía entrando el amanecer, una nostalgia de estrellas dolidas me andaban golpeando el pecho queriendo decir adiós.
Despídase, me dijo el Negro Blanco, hacedor de estos asuntos en los pagos de Oncativo. Pagos de quesos y salamines, de bondiolas y jamones.
Y bueno, me voy con ese esbozo de cariño que muestran los agradecidos, con la promesa de regresar, porque uno, como muchos, es sensible a las despedidas. No es más que la pura verdad que nos llena el alma desde el inagotable imaginario de los pueblos con la idea singular de seguir luchando por viejos ideales en pos de nuestra libertad.

Por Juan Carlos Fiorillo (Salta)

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